Salmos Para El Amor

En este mundo, muchos obviamos que el amor más grande de este mundo nos viene de nuestro Dios Padre. Eso sucede, mientras sufrimos por amor, lloramos, nos quejamos y nos afligimos por tantas cosas, a veces sin sentido. Pero ¿Estamos al tanto de cuánto nos ama nuestro Dios Padre? ¿Te has preguntado cómo nos cubre de amor? A través de estos Salmos para el Amor intentaremos aclararte y demostrarte el verdadero sentido que tiene este sentimiento desde la mirada de nuestro Dios Padre.

Demás está decir, que la grandeza del amor de nuestro Dios Padre es inconmensurable e indescifrable. Solo con tocar tu corazón puede hacer un milagro y cambiar tu vida. En estos Salmos para el Amor lograrás profundizar y comprender de una manera más clara el significado del gran amor que Dios tiene por todos nosotros.


Índice

    Salmos para el Amor

    Salmos para el Amor

    Salmos 119:9

    “¿Cómo puede un joven llevar una vida íntegra? Viviendo de acuerdo a tu palabra”.

    En la mayoría de los casos los jóvenes buscan actuar o comportarse según lo que dicte la sociedad, pero muy pocos se dedican en su cotidianidad a agradar al Dios Padre ¿Pero que es ser Integro? Significa ser honesto, justo, humilde, correcto, respetuoso, servicial y sobre todo amoroso.

    Sin embargo, la mayor muestra de integridad se complementa cuando vivimos conforme a la Palabra, vertidas en las Sagradas Escrituras. Solo así podremos alcanzar esa virtud, tan necesaria en estos tiempos difíciles para nuestros jóvenes, especialmente en aquellos que se interesan por estar al tanto de lo que Dios espera de ellos en cada situación.

    Salmo 143:8

    “Por las mañanas, hazme saber de tu gran amor, porque en ti he puesto mi confianza. Señálame el sendero que debo seguir, porque a ti elevo mi alma.”

    Solo con despertarte y abrir los ojos en las mañanas para contemplar y disfrutar la belleza de la vida, nuestro Dios Padre ya te está demostrando su gran amor. Por ello debemos agradecerle todos los días. ¿Qué más prueba de amor quieres? ¿Acaso no es suficiente para que confiemos en su grandeza? Y, aun así, en medio de nuestras tribulaciones diarias, le suplicamos que nos señale el sendero a seguir para aliviar nuestras almas, cuando la confusión y las incertidumbres nos acechan.

    Salmos para el Amor

    Salmos 119:165

    “Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo”.

    Las leyes y mandamientos que nos dejó el Dios Padre a través de las Sagradas Escrituras, están inspiradas todas para darnos y preservar nuestra paz. Todas se encaminan hacia ese estado de bienestar y gozo, para quienes son obedientes y siguen sus enseñanzas. Quien las cumpla transitará por senderos abiertos, donde los obstáculos ya no se verán. Serán caminos sin tropiezos, solo para avanzar hacia la tranquilidad y el progreso de nuestras vidas.

    Salmos 103:1-3

    “Alaba, alma mía, al Señor; alabe todo mi ser su santo nombre. Alaba, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él perdona todos tus pecados y sana todas tus dolencias.”

    Dios siempre otorga a sus hijos sanidad espiritual y corporal. Nuestra alma se remoza si nos encaminamos en función de las bondades y bendiciones que nuestro Dios Padre nos ha dado. Bueno es siempre recordar todo lo que nuestro Dios Padre ha hecho por todos nosotros, aunque nos encontremos en medio de calamidades o dificultades.

    Tengamos siempre presente que nuestro Dios Padre Misericordiosos nos regaló vida eterna. Nos concedió el perdón de todos nuestros pecados y nos bendijo con la sanidad de todas nuestras dolencias, tanto las del cuerpo como las del espíritu, porque el poder y el amor de Dios es ilimitado.

    Salmos para el Amor

    Salmos 116: 1-4, 8-9.

    “Amo a Jehová, pues ha oído mi voz y mis súplicas; porque ha inclinado a mí su oído; por tanto, le invocaré en todos mis días. Me rodearon ligaduras de muerte, me encontraron las angustias del Seol; angustia y dolor había yo hallado. Entonces invoqué el nombre de Jehová, diciendo: ¡Oh Jehová, libra ahora mi alma! Pues tú has librado mi alma de la muerte, mis ojos de lágrimas, y mis pies de resbalar. Andaré delante de Jehová en la tierra de los vivientes.”

    Estos Salmos para el Amor nos relatan una acción de agradecimiento al amor que nuestro Dios Padre nos otorga cada día, es decir, es una acción de gracias del salmista por ser salvado de la muerte. Es este un verdadero Salmo de amor, poder y de mucha energía que dirige su mirada al Señor, poniendo el alto su misericordia, su poder y protección.

    Salmo 127:3

    “Los hijos son una herencia del Señor, los frutos del vientre son una recompensa.”

    Los hijos que nuestro Dios Padre nos obsequia representan la bendición más hermosa que él nos concede. Nunca podemos asumirlos como una carga económica o una obligación sobre nosotros. Es todo lo contrario. Lo que debemos hacer, por mandato divino, es amarlos, apoyarlos y educarlos, para que se conviertan en buenos ciudadanos, haciéndoles partícipes de todas las maravillas y cosas buenas que nuestro Dios Padre nos ha dado como bendiciones.

    Salmos para el Amor

    Salmos 55:22

    “Encomienda al Señor tus afanes, y él te sostendrá; no permitirá que el justo caiga y quede abatido para siempre.”

    Si tu espíritu es temeroso de la ira de nuestro Dios Padre, y eres fiel cumplidor de sus mandatos, deja en sus manos todas tus preocupaciones y angustias, tus problemas y calamidades, porque Él no te abandonará, al contrario, te servirá de apoyo y no permitirá que claudiques en tus buenos propósitos o te sientas destruido y sin fuerzas para seguir luchando. Allí, a tu lado siempre estará guiándote, porque su amor lo ha demostrado siempre hasta en los momentos más difíciles.

    Salmos 51:17

    “El sacrificio que te agrada es un espíritu quebrantado; tú, oh Dios, no desprecias al corazón quebrantado y arrepentido.”

    Así como los médicos no sanan a las personas que están bien de salud, así también actúa nuestro Dios Padre, quien se espera y prefieren a los que están enfermos del espíritu y del cuerpo quebrantado, abatido, dolido y sin fuerzas suficiente para seguir viviendo.

    A Él le agradan los espíritus enfermos y jamás desprecia a los arrepentido del pecado, porque son los que le proporcionan satisfacción al atenderlos y guiarlos. De lo contrario ¿a quién sanar? Solo a los verdaderamente atormentados, que claman por su amor y su ayuda.

    Salmos para el Amor

    Salmos 36

    “Señor, tu fiel amor llega hasta el cielo, tu fidelidad hasta las nubes.”

    Dios todo se manifiesta a causa del amor que nos tiene. Solo un ser como Él, con tanta misericordia puede hacer todas esas cosas. ¡Cómo no alabarle en nuestras iglesias o congregaciones, o en cualquier lugar del planeta tierra! Su bondad y compasión es incuestionable e inconmensurable. No tiene medida. Y Jesucristo, su hijo amado, es la muestra palpable, hecho hombre, de tanto amor. Todos debemos regocijarnos por ello y estos Salmos para el Amor nos lo confirman.

    Salmos 111

    “Manifestó a su pueblo el poder de sus obras, dándole la herencia de las naciones. Las obras de sus manos son verdad y justicia; todos sus preceptos son indefectibles: están afianzados para siempre y establecidos con lealtad y rectitud. Él envió la redención a su pueblo, promulgó su alianza para siempre: su Nombre es santo y temible. El temor del Señor es el comienzo de la sabiduría: son prudentes los que lo practican. ¡El Señor es digno de alabanza eternamente!”

    Los Salmos para el Amor son un canto a la vida, a la esperanza, a la salvación: son alabanzas a Dios por tanta bondad prodigada, están llenos de sabiduría, escritos en tiempos de felicidad, debilidad, temor, agradecimiento, ansiedad, y exponen la lealtad y el amor de los salmistas hacia Dios.

    Todos pueden rezarse en cualquier circunstancia de la vida, ya que la fuerza de su amor es inconmensurable. Con estos Salmos para el Amor se puede recurrir a nuestro Dios Padre de diferentes formas, como ayuda para nuestro cuerpo y nuestra atormentada alma, pues tienen el poder de direccionar y organizar nuestra existencia, siempre con el propósito de ser un mejor ser humano en función de nuestro prójimo.

    Salmos para el Amor

    Salmos 143:8

    “Muéstrame tu fiel amor por la mañana, porque en ti he puesto mi confianza. Pongo mi vida en tus manos, muéstrame lo que debo hacer.”

    El salmista lo ratifica aquí en estos Salmos para el Amor; es un amor “fiel” como ninguno. No existe otra forma de amar mas pura que la que nuestro Dios Padre nos obsequia cada mañana. De allí la importancia de la “confianza” que todos debemos albergar en nuestros corazones; la esperanza de un mejor mañana, de un mejor futuro. Quien confíe en nuestro Dios Padre puede tranquilamente descansar y ponerse bajo su amparo y su amorosa bondad.

    Salmos 61:6-8

    “Concédele al rey más años de vida; que sean sus días una eternidad. Que reine siempre en tu presencia, y que tu amor y tu verdad lo protejan.”

    Más que un Salmo Real, es una alabanza suplicante a nuestro Dios Padre que hace el salmista en esta ocasión, donde pide que le conceda muchos mas años de vida, que estarán consagrados a Él hasta la eternidad, esperando siempre que su amor indiscutible su verdad lo amparen de todos los peligros y enfermedades, especialmente de los enemigos.

    Salmos para el Amor entre nuestro Dios Padre y Nosotros

    Salmos para el Amor

    Si lo intentas, con estos Salmos para el Amor podemos escudriñar y desentrañar el verdadero concepto de este sentimiento vigoroso emanado desde el Espíritu Santo, cuya fuerza tiene incluso la capacidad de producir milagros, como lo hizo nuestro Amado Jesús, y luego sus apóstoles.

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    Lo que debemos hacer es dejar de ser mentirosos e hipócritas con nuestro Dios Padre y nuestro Amado Jesús. Él detesta la mentira y la hipocresía. ¡Amemos de verdad, con entrega y sin discordias! Si lo hacemos a diario con nuestro prójimo, Dios será el primero en bendecirnos con grandes obras y cumplir nuestros clamores a través de nuestras plegarias diarias. No lo decepcionemos con nuestros comportamientos y actitudes que le rinden pleitesía al maligno.

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